“Por eso cuando uno se da cuenta que el amor además de sentimientos, es también una cuestión de intelecto y prudencia, y también de voluntad, y aquí llega la cuestión, se da cuenta que amar a alguien, no es sentirse bien con él, sino hacer sentir bien a otro. Cuando dos personas son capaces de tener esta misma forma de pensar, son dos personas que pueden casarse. Uno se siente bien con tantas personas y sin embargo no las quiere. Amar significa que el otro crezca, que el otro sea tal cual Dios lo ha pensado durante toda la vida, para que el otro se realice como es, lleno, único, irrepetible. Cuando somos capaces de vivir de esta manera, quizá la vida se nos haga más fácil y la del otro también”.