Archivo de la categoría: Tolerancia

Parábola Jasidíaca

“Un viejo rabino preguntaba a sus alumnos: ¿Cuándo puedo reconocer el momento en el cual la noche se acaba y el día comienza?
Un alumno preguntó: ¿Será cuando puedo distinguir de lejos un perro de una oveja?
– No, respondió el rabino.
Otro alumno dijo: ¿Será cuando puedo distinguir una datilera de una higuera?
– Tampoco, respondió el rabino. Es cuando, mirando el rostro de cualquier hombre, tu reconoces a tu hermano y a tu hermana. En ese momento, la noche terminará y el día comenzará en tu corazón.”

Paola Delbosco, Filósofa

“Estamos aprendiendo a que convivan distintas cosmovisiones, religiones, costumbres, etc. La tolerancia es obligatoria para todo aquel que quiera ser humano. Uno “tolera” en el sentido etimológico de la palabra que es soportar, por un bien mayor: la dignidad del otro y el respeto que me merece. Creo que no es posible hablar de tolerancia si no es sobre una base firme de mutuo respeto. Ese respeto casi podría coincidir con la condición humana. Somos humanos en la medida que somos capaces de respetar a los demás, y diría que somos más humanos en cuanto sabemos respetar a la gente que es muy distinta e inclusive a aquellos que nos hacen daño.

La grandeza de una persona se podría medir en su capacidad de seguir respetando aún a aquellos que están siendo injustos con él. A lo mejor podríamos decir que la justicia legal entra en juego cuando falla lo otro. Es como una hermana menor, muy menor. La justicia legal, entra en juego cuando fallaron las otras instancias de juego, así que hacer una cultura de la tolerancia y de la solidaridad me parece que es un buen camino, porque la cultura del reclamo de los derechos y las garantías ha resultado un camino corto, ha resultado demasiado estrecho, no suficiente por todas las variedades y diversidades que hay en la vida humana.”

Secundino Valladares, Escritor Español

“Y en esta feria de las vanidades que es la post- modernidad, llaman a la puerta los inmigrantes. Están aquí porque antes nosotros estuvimos allí. Nos devuelven la visita. Y aunque es cierto que el diferencial de renta es la base del efecto llamada, la realidad es que nos han metido hasta la cocina culturas que por siglos contemplamos remotas.

Culturas que dialogan con las nuestras, que se oponen, que se recelan mutuamente, en definitiva, culturas en contacto. ¿Se entenderán, se opondrán, se fertilizarán unas a otras dando lugar a un formidable mestizaje cultural? Comentaba Ortega que la historia de las civilizaciones no es otra cosa que una suma de sucesivas incorporaciones.”

 

AUNQUE TENGAS TODA LA RAZÓN, por Enrique Bianco

Por favor si me va a acusar de ingenuo no lea este artículo.

Supongamos que el Gobierno tenga toda la razón y estamos en un país mucho más justo, con un presente promisorio y un futuro aún mejor.

Supongamos que la oposición tenga toda la razón y estamos en un país desigual, donde el futuro aparece amenazante y el presente es exactamente opuesto al país que muestra el gobierno.

Supongamos que en la vida política tiene razón aquel que cree que quien es de derecha es una persona a la que le interesan solo los intereses corporativos, hacer plata, y que le importa nada la pobreza y tiene su corazoncito más en el primer mundo con Estados Unidos y Europa que con Latinoamérica.

Supongamos que en la vida política tiene razón aquel que cree que la izquierda viene por todo y por todos, y que a lo único que aspira es a desalambrar y quitarle todo a los ricos para terminar con la oligarquía terrateniente, y destruir la propiedad privada a través de un estado omnipresente.

Aquí termino con las suposiciones.

Todos sabemos que, suponiendo que todos tenemos razón, en cualquier caso, hace falta retroceder un pasito para atrás o mejor dicho dar un paso previo.

Es imprescindible considerar que el otro tiene algo para aportar. Y no estoy pensando en la ingenuidad de que en el fondo todos somos buenos y puros. Lo que quiero resaltar es que es absolutamente imposible que crezcamos como sociedad y logremos el país que todos soñamos si no creemos que el otro, muy distinto a mí, tiene algo para aportar.

No podemos seguir lastimándonos todos los días, pensando que todo el pensamiento K es de una secta de corruptos que solo quiere el poder para enriquecerse y que todo el pensamiento de la oposición se reduce al tiritero de Magnetto tramando un golpe institucional con la sociedad rural y las corpo como arietes de la destitución.

Yo creo y quiero pensar otra cosa, y sé que muchísimos piensan igual, pero están licuados en este campeonato infame de amigo vs enemigo que no nos lleva a ninguna copa del mundo.

Quiero invitarme a pensar, tomando la economía por ejemplo como parámetro, que a lo mejor el tipo de derecha cree de buena fe que una buena organización empresaria dentro del capitalismo puede redundar en mayores beneficios para todos y no para una burguesía prebendaría. Y que la empresa, aun siguiendo su natural aspiración de lucro, puede ampliar los bienes y servicios para la sociedad, pagar salarios justos y ocupar un rol socialmente responsable dentro de la comunidad.

Y también invitarme a pensar que a lo mejor un tipo de izquierda está efectivamente convencido que el Estado como protagonista de la vida económica juega un rol fundamental en la distribución de los recursos, y que no por eso le va a sacar arbitrariamente a los ricos para regalarle a los pobres y que su permanente preocupación genuina por los más desposeídos nos pone a la sociedad alarmas imprescindibles y saludables para que cada ciudadano no piense solo en sus problemas personales.

¿Quién tiene toda la razón? No lo sé, a lo mejor ninguno. Pero aunque alguno la tuviera, hay que dar ese paso previo, partiendo de la base que todos queremos una Argentina mejor. Yo me resisto a creer que el que vota por Mauricio Macri, por citar al ejemplo de centro derecha, quiera un país para pocos, como también me resisto a creer que quien vota a Cristina quiere un país dividido.

El Papa Francisco en Brasil, “nos dio”, hablando en criollo, para que “tengamos todos un poquito”: – “¿Viste lo que le dijo a los curas, y viste lo que le dijo a los obispos, y viste lo que le dijo a los jóvenes, y a los laicos?”, podríamos comentar por lo bajo. En todos los casos, propuso ir a buscar al otro.

Y en la política, esa es la tarea previa que no podemos soslayar a riesgo de profundizar divisiones. Por supuesto, no le escapo al bulto. El Gobierno tiene una responsabilidad mayor, que es la de liderar este proceso de considerar al otro, aun siendo alguien en las antípodas de su pensamiento.

Pero, ¿cómo no nos vamos a dar una oportunidad de construir una vida en sociedad que no sea bajo los parámetros de amigo-enemigo, sino de sumar para multiplicar? Insisto en subrayar que no es una utopía, porque la materia prima de todo esto sigue siendo el hombre, y éste puede aprender de sus errores y del dolor. Como dice la filósofa Josefina Semillán, “el dolor no asimilado es resentimiento, el dolor asimilado es aprendizaje”.

A esta altura, algún lector pro k sin buena fe, puede estar pensando que esta nota es un “pobre disfraz” de las corpo a través de La Nación, para lavar culpas y posiciones indigeribles para el Gobierno. A esta altura, algún lector pro oposición sin buena fe, puede estar pensando, “este es un salame que cree en los pajaritos de colores, cuando el Gobierno hace exactamente lo contrario a lo que propone en esta nota”.

Y entonces puedo concluir tristemente: ¿Estas líneas son solo un manojo de buenas intenciones? Puede que sí o puede que no. Depende de nosotros romper con esta lógica.

Hay antecedentes de que podemos romper esta lógica y diseñar un puente entre nosotros. No tan lejos de aquí, Nelson Mandela demostró que es posible. Alguien que con 27 años de cárcel y sus justas reivindicaciones tenía “toda la razón”. Sin embargo, creyó que la minoría blanca tenía algo para aportar y la sumó definitivamente a una Sudáfrica unida, impensable con Mandela preso. Es célebre en la película Invictus su frase respecto de considerar a los blancos tan sudafricanos como los negros: “No es una táctica política sino humana”, sentenciaba Mandela.

Y en nuestro país, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando asumió en su segundo mandato afirmó que la clave de todo es el amor, es decir, ponerse en el lugar del otro, y pensando que el otro no es un enemigo sino alguien a quien servir.

No nos engañemos más. Lo sabemos. Hay que dar ese pasito previo de valorarnos más, de recuperar la buena fe, de buscarnos, y a lo mejor encontremos en el amor, el tamiz necesario para ver que aunque alguno tenga toda la razón, hace falta el otro.

Poema de la Nota

Si la nota dijese:
no es la nota la que hace la música,
no habría sinfonía.

Si la palabra dijese:
no es la palabra la que hace la página,
no habría libro.

Si la piedra dijese:
no es la piedra la que hace el muro,
no habría casas.

Si la gota dijese:
no es la gota que forma el río,
no habría mares.

Si el grano de trigo dijese:
no es el grano el que forma el campo,
no habría pan.

Si el hombre dijese:
no es un gesto de amor
lo que puede salvar a la humanidad,
no habría nunca más: ni paz, ni justicia,
ni felicidad sobre la tierra.

Como la sinfonía tiene necesidad de cada nota,
como el libro de cada palabra,
la casa de cada piedra,
el mar de cada gota,
el pan de cada grano,
así Dios y los hermanos
tienen necesidad de mí,
de todos mis gestos únicos e insustituibles.

Que así sea.