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Postmodernidad

Se dice en primer lugar, que así como en términos económicos y políticos hoy hablamos de globalización, en términos culturales se habla de postmodernidad. Es decir algo que estamos viviendo hoy, todos nosotros sin que muchas veces sea objeto de análisis. Algunos autores afirman que la postmodernidad está hecha de desencanto. Partiendo de la base que la modernidad -obviamente la etapa anterior- fue el tiempo de las utopías sociales, consideraban que la historia tiene un fin, donde el Hombre a través de su razón, iba a encontrar su felicidad, etapa final en la que coinciden por ejemplo el liberalismo y el marxismo. En las antípodas está el pensamiento posmoderno que dice que la historia como proceso existe tan solo gracias a que los historiadores han tenido poca memoria y han recordado pocos acontecimientos. Si hubieran recordado todos habrían visto que no existe otra cosa que un caos de biografías individuales.

La modernidad fue el tiempo de las grandes utopías sociales: los ilustrados creyeron en una próxima victoria sobre la ignorancia y la servidumbre por medio de la ciencia; los capitalistas confiaban en alcanzar la felicidad gracias a la racionalización de las estructuras de la sociedad y el incremento de la producción; los marxistas esperaban la emancipación del proletariado a través de la lucha de clases… las discusiones relativas al “cómo” podrían ser, de hecho fueron interminables, pero la convicción compartida por todos era que “se puede”. Los diversos caminos para hacer real la esperanza eran peleas familiares, al fin y al cabo. Y en consecuencia, todos los hombres modernos se incorporaron con entusiasmo a la Gran marcha de la historia. Los postmodernos tienen experiencia de un mundo duro que no aceptan pero no tienen esperanza de poder cambiarlo. No se consideran a sí mismos llamados a superar la modernidad.

Fin de la historia: los postmodernos, convencidos de que no existen posibilidades de cambiar la sociedad, han decidido disfrutar al menos de presente con una actitud hedonista. Así pues, la manera de superar la alienación es irse a casa y disfrutar de la vida sin empeñarse en emprender un viaje por la historia hacia una supuesta tierra de promisión que no existe. Y entonces, tras la pérdida de confianza en los proyectos de transformación de la sociedad, sólo cabe concentrar todas las fuerzas en la realización personal, y aparece una neurasténica preocupación por la salud que se manifiesta en la obsesión por la terapia personal o de grupo, los ejercicios corporales y masajes, el sauna, etc. Hoy es posible vivir sin ideales. Lo que importa es conseguir los ingresos adecuados, conservarse joven, cuidar la salud…Hace un par de años, una agencia de viajes empapeló los muros y autobuses de París con unos carteles que se leía: “en un mundo totalmente cínico, una sola causa merece que usted se movilice por ella: sus vacaciones”.

Fin de una moral objetiva: la postmodernidad entraña también la muerte de la ética o dio lugar al relativismo. Ahora la estética sustituye a la ética. Lo único que vale es lo que me agrada. El principio ético es: “haz lo que quieras, hacele caso a tu sed”. Todo es indiferente o relativo, por lo tanto nada está prohibido.

Declive del imperio de la razón: pero al caer la razón, sí hay un espacio para Dios, pero un dios devaluado, que no puede ser demasiado exigente. Un Dios light. Puesto que el postmoderno obedece a lógicas múltiples, frecuentemente prepara él mismo su cóctel religioso: unas gotas de islamismo, una brizna de judaísmo, algunas migajas de cristianismo, un poco de nirvana.

El individuo: al rechazar la disciplina de la razón y dejarse guiar preferentemente por el sentimiento, obedece a lógicas múltiples y contradictorias entre sí. El individuo postmoderno, sometido a una avalancha de informaciones y estímulos difíciles de estructurar, hace de la necesidad virtud y opta por un vagabundeo incierto de unas ideas a otras. También en las relaciones personales, el individuo postmoderno renuncia a los compromisos profundos. La meta es sentirse independiente afectivamente, no sentirse vulnerable. No hay compromiso. Solo relaciones puntuales.

Cuento de la Paz

“Hace muchos años, vivió un Rey muy sabio, que convocó a un gran concurso de artistas, para premiar a aquel que pudiera transmitir a través de una pintura el estado de “paz perfecta”. Este desafío fue tomado con mucho entusiasmo por todos los artistas del reino. No solo se trataba de complacer a un bondadoso rey, sino que era una fantástica oportunidad de transmitir de forma colorida, el supremo estado de paz interior. Entre todas las obras presentadas, hubo dos que realmente le gustaron al Rey. La primera, se trataba de un lago muy tranquilo. Este lago era un espejo perfecto en el que se reflejaban unas plácidas montañas que lo rodeaban. Sobre éstas, un cielo muy azul con nubes muy blancas y de lento tránsito. Todos los habitantes del reinado, al observar la obra, pensaron que sería la ganadora; ya que refleja la paz perfecta. La segunda obra, también tenía montañas. Pero éstas eran rocosas, escabrosas y descubiertas. Sobre ellas había un cielo furioso del cual caía un impetuoso aguacero. Rayos y truenos integraban la obra. Hasta parecía sentirse el ruido de la tormenta. Montaña abajo, parecía retumbar un espumoso torrente de agua. La ambientación de la obra no revelaba para nada un estado pacífico. El Rey fijó su atención en esta segunda obra, y observándola cuidadosamente descubrió tras el torrente de agua, un delicado arbusto creciendo en una grieta de la roca. En este arbusto sacudido por el viento y por la caída del agua, había un nido donde plácidamente estaba sentado un pajarito… ¿Cuál crees que fue la obra que eligió el sabio Rey? La segunda. ¿Y sabes por qué? El Rey lo explicó así: “Paz no significa estar en un lugar sin ruidos, sin problemas, sin trabajo duro o sin dolor. Paz significa que, a pesar de estar en medio de todas esas cosas, permanezcamos calmados dentro de nuestro corazón. Este es el verdadero significa de la paz. Manteniendo la calma y el equilibrio a pesar de las adversidades. Integrando todo lo bueno o malo que nos rodea como acontecimientos o pruebas que debemos superar. Ese es el estado de la paz perfecta.”