Archivo de la categoría: Cuentos

Cuento de las Plumas

“Una mujer que solía criticar mucho a las personas que vivían en su pueblo, sintió la necesidad de arrepentirse y fue a ver al cura párroco de ese pueblo. A él le contó que se sentía cansada por hablar mal de tanta gente y venía a pedir perdón. El cura era un religioso de muchos años y con mucha experiencia, y quiso además de perdonarla en nombre de Dios enseñarle una lección.

Entonces, le dio la absolución y le dijo que tenía que cumplir consecuentemente con una penitencia. Ésta consistió en sacarle las plumas a una gallina y repartirlas por la calle principal del pueblo donde vivía, y cuando terminara de hacerlo volviera a recorrer la calle recogiéndolas de nuevo. Una vez concluida la tarea le pidió que volviera a hablar con hablar con él. Por supuesto, la mujer no comprendía de qué se trataba la penitencia pero como quería cumplir con el cura y aliviar su pena, fue con una gallina y repartió ordenadamente las plumas por la calle principal del pueblo. Luego entonces, fue a ver nuevamente al cura, y le dijo:

“Padre ya cumplí con mi penitencia, repartí las plumas por la calle principal del pueblo”. – ¿Y que pasó? Le preguntó el cura. – Cuando terminé de recorrer la calle miré para atrás para recogerlas nuevamente como usted me había mandado, pero el viento se había llevado todas las plumas.

– Hija mía, así fue también con tus palabras.”

Niña tiritando de frío

“Por la calle vi una niña tiritando de frío dentro de su ligero vestidito y con pocas perspectivas de conseguir una comida decente. Me encolericé y le dije a Dios, ¿por qué permites estas cosas? ¿por qué no haces nada para solucionarlo? Durante un rato, Dios guardó silencio.

Pero aquella noche, de improviso me respondió: -ciertamente que he hecho. Te he hecho a ti.”

Poema de Francisco Bernárdez

“Si para recobrar lo recobrado
debí perder primero lo perdido,
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.

Si para estar enamorado
fue menester haber estado herido,
tengo por bien sufrido lo sufrido,
tengo por bien llorado lo llorado.

Porque después de todo he comprobado
que no se goza de lo gozado
sino después de haberlo padecido.

Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.”

 

Cuento del Rompecabezas

“Un chico de aproximadamente 5 o 6 años, es decir con ciertas habilidades manuales pero aún sin saber leer ni escribir, era infalible a la hora de hacer rompecabezas. Sus padres le iban regalando uno tras otro incrementando el grado de dificultad, pero él siempre los resolvía. Una mañana el padre estaba leyendo el diario en su casa y ve un aviso de un producto comercial cuyo fondo tenía un mapa de todo el mundo. En ese momento, pensó plantearle a su hijo el rompecabezas más difícil para resolver. Decidió cortar en cien pedazos la propaganda del diario y llamó a su hijo:

-Te voy a dar este rompecabezas para que armes. ¡Mirá que es muy, muy difícil!.

El chico se fue y el padre continuó leyendo el diario, sabiendo que lo tendría entretenido un largo rato y que obviamente iba a fracasar en el intento de resolverlo. Pasó solo un rato, cuando aparece su hijo con el rompecabezas resuelto y terminado. Por supuesto, que la sorpresa que le provocó al padre fue inmensa, y con un sano orgullo le preguntó:

¿Cómo había resuelto el rompecabezas, si no sabía nada de geografía?. Y el chico le respondió:

-“No, yo de geografía no sé nada, ni siquiera sé que es, pero en la parte de atrás del rompecabezas que me diste había un hombre, y entonces reconstruí al hombre; y ese hombre estaba con una familia, y entonces reconstruí la familia. Y al reconstruir al Hombre y la familia reconstruí al mundo”.

Cuento de las Piedras

“Un experto asesor de empresas en gestión del tiempo, quiso sorprender a los asistentes a su conferencia. Sacó de abajo del escritorio un frasco grande de boca ancha, lo colocó sobre la mesa, junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:
-¿Cuántas piedras piensan que caben en el frasco?
Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco. Luego preguntó:
-¿Está lleno?
Todo el mundo miró y asintió.
Entonces sacó de abajo de la mesa un cubo con piedras más pequeñas. Metió parte de esas piedras en el frasco y lo agitó. Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.
El experto sonrió con ironía y repitió:
-¿Está lleno?
Esta vez los oyentes dudaron: Tal vez no. Bien. Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco. La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras grandes y las pequeñas.
-¿Está lleno?, preguntó de nuevo.
-NO!!!, exclamaron los asistentes.
-Bien!!, dijo. Y tomó una jarra de agua de un litro que comenzó a verter en el frasco. El frasco aún rebosaba.
-Bueno, qué hemos demostrado?, preguntó.
Un alumno respondió:
-Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas.
-No!!! Concluyó el experto. Lo que esta lección nos enseña, es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después, respondió.
-¿Cuáles son las grandes piedras en tu vida?
Dios, tu familia, tu país, tus amigos, las personas que quieres.
Recuerda, coloca primero las piedras grandes, el resto encontrará su lugar”.