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Instrucciones para elegir en un picado, Alejandro Dolina

“Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se disponen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternativamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más hábiles son elegidos en los primeros turnos, quedando el final para los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances. El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan.

Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada. Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que las decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades. Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces. El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con extraños o indeseables.”

El Principito

“Solo se conoce lo que domestica -dijo el zorro-. Los hombres ya no tienen tiempo de conocer nada. Compran cosas ya hechas a los comerciantes. Pero como no existen comerciantes de amigos, los hombres no tienen más amigos. Si quieres un amigo, domesticame!”. -“¿Qué hay que hacer? -dijo el principito. -Hay que ser muy paciente -respondió el zorro-. Te sentarás al principio más bien lejos de mí, así en la hierba.

Yo te miraré de reojo y no dirás nada. El lenguaje es fuente de malentendidos. Pero cada día podrás sentarte un poco más cerca… -Adiós -dijo el zorro-. Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. -Lo esencial es invisible a los ojos -repitió a fin de recordarlo. -Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante. -Es el tiempo que he perdido en mi rosa… -dijo el principito a fin de recordarlo. -Los hombres han olvidado esta verdad -dijo el zorro- Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa.”

Editorial del programa “De Voces y Ecos” de Ricardo Torres Brizuela

“Arena y piedra. Se escribe en la arena los cortocircuitos, los enojos, las dificultades en una amistad, porque el viento las borra. Se escribe sobre piedra lo valioso, lo inconmovible de la amistad. Cuando un gran amigo nos ofende, deberemos escribir en la arena donde el viento del olvido y el perdón se encargarán de borrarlo y apagarlo; por otro lado, cuando nos pase algo grandioso, deberemos grabarlo en la piedra de la memoria del corazón donde viento ninguno en todo el mundo podrá borrarlo.”

 

Paola Delbosco, Filósofa

“Decía el famoso escultor Miguel Angel, que él no descubría la forma en la piedra, sino que en realidad sacaba lo que sobraba en la piedra. La forma ya estaba adentro de la piedra. El amigo es el que descubre en una piedra aquello que somos dentro, la esencia. Los amigos nos estimulan a ser nosotros mismos en la veta más positiva de nuestra personalidad.”

 

El hombre, su perro y su caballo

“Un hombre, su caballo y su perro, caminaban por una calle. Después de mucho caminar, el hombre se dio cuenta de que los tres habían muerto en un accidente. Hay veces que lleva un tiempo para que los muertos se den cuenta de su nueva condición. La caminata era muy larga, cuesta arriba. El sol era fuerte y los tres estaban empapados en sudor y con mucha sed. Precisaban desesperadamente agua. En una curva del camino, avistaron un portón magnífico, todo de mármol, que conducía a una plaza calzada con bloques de oro, en el centro de la cual había una fuente de donde brotaba agua cristalina. El caminante se dirigió al hombre que desde una garita cuidaba de la entrada. -Buen día -dijo el caminante. -Buen día -respondió el hombre. -¿Qué lugar es este, tan lindo? -preguntó el caminante. -Esto es el cielo -fue la respuesta. -Qué bueno que llegamos al cielo, estamos con mucha sed -dijo el caminante. -Usted puede entrar a beber agua a voluntad -dijo el guardián, indicándole la fuente. -Mi caballo y mi perro también están con sed. -Lo lamento mucho -le dijo el guarda-. Aquí no se permite la entrada de animales. El hombre se sintió muy decepcionado porque su sed era grande. Mas él no bebería, dejando a sus amigos con sed. De esta manera, prosiguió su camino. Después de mucho caminar cuesta arriba, con la sed y el cansancio multiplicados, llegaron a un sitio cuya entrada estaba marcada por un portón viejo semiabierto. El portón daba a un camino de tierra, con árboles de ambos lados que le hacían sombra. A la sombra de uno de los árboles, un hombre estaba recostado, con la cabeza cubierta por un sombrero; parecía que dormía… -Buen día -dijo el caminante. -Buen día -respondió el hombre. -Estamos con mucha sed, yo, mi caballo y mi perro. -Hay una fuente en aquellas piedras -dijo el hombre indicando el lugar-. Pueden beber a voluntad. El hombre, el caballo y el perro fueron hasta la fuente y saciaron su sed. -Muchas gracias -dijo el caminante al salir. -Vuelvan cuando quieran -respondió el hombre. -A propósito -dijo el caminante- ¿cuál es el nombre de este lugar? -Cielo -respondió el hombre. -¿Cielo? ¡Mas si el hombre en la guardia de al lado del portón de mármol me dijo que allí era el cielo! -Aquello no es el cielo, aquello es el infierno. El caminante quedó perplejo. Dijo: -Esa información falsa debe causar grandes confusiones.- De ninguna manera -respondió el hombre-. En verdad ellos nos hacen un gran favor. Porque allí quedan aquellos que son capaces de abandonar a sus mejores amigos.”